
Opiniones del Dr. Ignacio Abel González García
1) ¿Cómo conduce para usted el argentino? ¿Por qué?
Creo que su comportamiento vial dista de ser el deseado. Los resultados y las estadísticas así lo demuestran. Además, lo verdaderamente lamentable es que nos hemos acostumbrado a que un familiar, un amigo o un conocido pierdan su vida en accidentes de tránsito. Como que estamos adormecidos de estupor.
No es fácil encontrar un sólo por qué. Pero el principal reside en que la normativa, las leyes, los premios y los castigos, tienen escasa probabilidad de llegar finalmente a concretarse en un accionar punitivo con el que infringe las mismas. Los seres humanos responden con actitudes a los estímulos y a los "no estímulos". Nos falta además algo de acto de contrición.
Recientemente he leído una encuesta donde los encuestados respondían que ELLOS conducían bien, pero simultáneamente opinaban que el RESTO (excluídos ellos) lo hacían muy mal. Una diferenciación que carece de sentido común.
Cuando un país como el nuestro, oscila entre los 8.000 y los 11.000 muertos por año en accidentes de tránsito, debe plantearse seriamente, que la sociedad convive con algo que es un verdadero flagelo, especialmente cuando el 35 % de esas muertes, las víctimas son menores de 40 años.
2) ¿Cuáles son a su juicio los artífices de la problemática vial en nuestro país?
3) ¿Qué tienen de bueno en cuanto al tránsito en otros países y que traería de ellos para nuestro país?
Importaría todas las técnicas que han demostrado tener éxito. No hay necesidad de reinventar la rueda. Tengo experiencias al respecto y creo que los argentinos no tenemos un grado de malignidad, respecto del tránsito, superior al de un americano, un europeo, un latinoamericano, etc. Ocurre que desenvolvemos nuestra actuación como conductores, dentro de sistemas perversos. Una vez que los sistemas funcionen (en la realidad) y produzcan resultados (en la realidad), la adhesión de la gente será automática y las mejoras sorprendentes. Lo importante es sostener la política a lo largo del tiempo, para que los hábitos y las maneras cambien. Los controles deben funcionar. Sin control no hay República. En otros países, la sensación de proteger la vida por el hombre común aparenta ser mayor. Por ello consideran - desde el punto de vista de los valores individuales - que el accionar contra las malas prácticas debe ser in-sos-la-ya-ble, sin distinción de categoría de ciudadano alguna.
4) ¿Qué le parece la creación de la ANSV, la Agencia Nacional de Seguridad Vial?
Una excelente decisión. Brillante. Nunca es tarde. Importante la participación de las organizaciones preocupadas por esta temática. Fundamental no abandonar el proyecto y seguirle brindando sostén presupuestario adecuado (fundamental). Los que hemos perdido - como el que contesta - padre y madre en accidentes de tránsito, sabemos el inmenso dolor y la destrucción familiar que un segundo de imprevisión cuesta cuando las vidas se sesgan en un segundo de esta manera. Nada vuelve a ser como era entonces. No es bueno que nadie sufra la fractura que sufren quienes lo padecen.
5) Un consejo para los jóvenes, futuros conductores de vehículos.
Cuando sienten que pisar el acelerador es una pasión que satisface circunstancialmente desde el punto de vista emotivo, piensen que en el minuto o en el segundo "maldito" una vida puede ser sesgada o arruinada para siempre por ese "consumo emocional". Para percibirlo mejor, imaginar que la víctima puede ser el hermano, el amigo/a, la hija, el familiar que tanto queremos, o el vecino por quien transpiramos afecto. Sólo corporizar la posibilidad del enorme daño es una manera de tomar tremenda conciencia de lo que el impulso pulsional tiende a satisfacer, con prescindencia del enorme daño que se le puede causar a los demás y a sus familias y círculo de convivencia.
14.May.2010 17:19:57 - Nombre: monica adelita
esta increible
12.Jun.2009 14:57:08 - Nombre: Maria Alicia Dunnes
Soy una victima del tránsito. Lo he sufrido como una dolencia durante mucho tiempo.Es vital que cambiemos. Las cifras son alarmantes. Es una epidemia sin fin.Gracias a los que difunden todos estos conceptos. Es la única manera de llegar a la sensibilidad de nuestra dirigencia, para que se tomen las medidas profundas que el desperdicio constante de vidas jóvenes está reclamando.