
Fuente: BOLETÍN Nº 121 - 05/02/2008 - EDITORIAL
Preparado por: Alejandro Roca
Director Área Comunicaciones de IARSE
Bienvenidos a la era de la Responsabilidad Compartida
Temas
como la pobreza o el cambio climático han pasado a ser claves y centrales
para el futuro y la gobernabilidad de nuestras sociedades. Hoy la RSE ya constituye
una buena herramienta para competir internacionalmente; y se percibe una creciente
necesidad de integrar a todos los públicos de interés de las empresas.
Bienvenidos a la era de la Responsabilidad Compartida. Las palabras de Julio
Herrera, Presidente de la organización CentraRSE en Guatemala, calaron
hondo ente quienes asistimos a la ceremonia inaugural de la V Conferencia
Interamericana de Responsabilidad Social de la Empresa organizada por el Banco
Interamericano de Desarrollo (BID) en aquella nación centroamericana,
sobre mediados de diciembre pasado.
Inmediatamente me sentí identificado y aludido- con esa expresión
de la responsabilidad compartida.
Con frecuencia reflexiono sobre la marcha del mundo actual, y observo con preocupación
una actitud dual para enfrentar algunos fenómenos propios de nuestra
época, problemas de creciente complejidad que arrojan un cono de sombra
sobre las condiciones futuras de vida en el planeta y de la misma humanidad.
Sin
ir más lejos, mientras la evidencia científica es cada vez más
contundente respecto a las alteraciones climáticas y ambientales
que producen nuestros actuales esquemas de producción y consumo
(el fenómeno bautizado como cambio climático),
aún no se percibe una clara voluntad política para enmendar el
problema ni la adopción de medidas rápidas, duraderas y de alcance
global. Estados Unidos, el mayor contaminante, sigue haciendo oídos sordos
a los reclamos de la comunidad científica e internacional; mientras los
demás países se debaten en un mar de intereses, donde nadie quiere
ceder un ápice de terreno en pos de alcanzar soluciones reales.
Otro ejemplo de dicha dualidad puede ubicarse a nivel de las fuentes
de energía empleadas para sostener nuestros procesos cotidianos,
productivos, medios de transporte, etc. Se sabe que están seriamente
comprometidas las fuentes de suministro de combustibles fósiles para
las próximas décadas, ya que éstas son limitadas y se agotan.
Su reposición podría tardar siglos. Pese a ello, los esfuerzos
por reemplazarlas progresivamente con fuentes de energía alternativas
(algunas de las cuales son bien conocidas, han alcanzado altos niveles de desarrollo
y tienen menor afectación ambiental) aún son tenues y de baja
escala.
El caso de los vehículos híbridos es quizás uno de los
más clarificadores. Esta tecnología recorta casi en un 40% el
consumo de combustible frente a un motor de gasolina convencional, produciendo
un considerable ahorro energético y una reducción significativa
en la emisión de gases a la atmósfera. Son vehículos silenciosos,
ambientalmente amigables, dotados de componentes reciclados, equipados con tecnologías
de punta, confiables e ideales para la conducción en ciudad.
Sin
embargo, a pesar de todas las ventajas señaladas, todavía se aprecia
como muy lejana la utilización generalizada y extendida de autos híbridos
en todas las regiones del planeta. Si bien algunos países (Noruega, Holanda,
Grecia, Irlanda, entre otros) ya otorgan importantes incentivos fiscales para
favorecer su compra, la masificación de este producto en continentes
y naciones con menores niveles de desarrollo -o poder adquisitivo- parece muy
difícil de alcanzar en el corto y mediano plazo.
Volvamos entonces sobre la cuestión de la responsabilidad compartida.
En mi opinión, recién comenzaremos a avistar la punta del ovillo
de una solución a los problemas globales, cuando hayamos comprendido
acabadamente que torcer el rumbo de la realidad depende de una labor conjunta
y compartida por todos los sectores.
Ello supone
asimilar que los males que nos aquejan son responsabilidad de todos nosotros,
en cuanto somos seres sociales. Lo que ocurra de bueno o de malo al conjunto
social que integramos nos atañe e involucra necesariamente a los ciudadanos
comunes, las empresas, los gobiernos, la Sociedad Civil, etc. Se trata ciertamente
de una tarea titánica, que no admite mezquindades, reservas ni miradas
cortoplacistas por parte de ningún actor social.
Urge la adopción de decisiones drásticas para hacer frente a la
magnitud de los desafíos que tenemos por delante como humanidad en los
próximos años, llámense pobreza, brecha creciente entre
ricos y pobres, escasez de agua potable, cambio climático o lo que fuere.
Para ello deberemos ser muchos más quienes entendamos que no alcanzan
los arrebatos individuales para conservar la estructura, complejidad y diversidad
de nuestras vidas presentes.
Es preciso que, sin mayores demoras, le demos la bienvenida a esta nueva era
de las responsabilidades compartidas. De lo contrario, el aterrizaje en la realidad
puede ser demasiado forzoso y muy poco placentero. Buen 2008 para todos.
11.Jun.2008 12:51:02 - Nombre: Marcela Casalis
Hasta tanto los actores sociales decidan más en conjunto, ¿por qué no empezar desde cada lugar, abrir caminos y contagiar? Un problema global de Argentina que requiere solución compartida es la exclusión social. La falta de oportunidades ha generado mucha marginación, impotencia y resentimiento. Propongo ir entrenando desde el interior de las organizaciones estrategias destinadas al bien común de aquellos que trabajan en nuestras empresas. Promover el acceso de las personas a la información, al conocimiento y a la construcción ciudadana crea puentes hacia la inclusión. Es una decisión muy interesante. Si se hace desde un lugar de seriedad, convicción y honestidad generará transformaciones en las personas, habrá bienestar, confianza en el ámbito laboral y, seguramente, en lo macro, mayor gobernabilidad. Con estrategias de este tipo se supera la inmediatez y se garantizan a mediano plazo resultados humanamente valiosos de gran impacto para la empresa y la comunidad
17.May.2008 18:43:55 - Nombre: GGAI
Brillante el concepto de la responsabilidad compartida!!!!Excelentes los comentarios!!!!Imprescindible difundirlos, comentarlos, compartirlos. Es de esperar que nuestra Argentina y el resto de los países, se arrodillen únicamente ante la ley. Y que los poderes, en especial el legislativo, intervengan sanamente, con leyes claras, precisas, medulosas y cumplibles, para encuadrar los futuros comportamientos energéticos en normativas. Es la hora de la planificación y del encuadramiento jurídico. No debiéramos seguir corriendo de atrás a los acontecimientos. Felicitaciones!!!!
08.Mar.2008 15:22:39 - Nombre: Daniel Kohan
Tal vez el cambio climático no pueda frenarse por completo, ni la ciencia
podría afirmarlo. Pero sí es posible y ya deberían haber
estado disponibles desde hace mucho, dado su avance, sistemas alternativos para
obtención de recursos energéticos y que además reduzcan
el daño ambiental.
El uso de vehículos híbridos seguramente esté disponible
en el siglo que los intereses de quienes fabrican los no híbridos, apunten
a la nueva oferta de gran impacto en los resultados de su negocio. Salvo países
de alta evolución como los mencionados, cómo hacer en los restantes,
para que las decisiones de inversión de quienes potencialmente ofrecerán
al mercado vehículos ecológicos, piensen no sólo en resultados
económicos sino también en resultados para la tierra donde TAMBIEN
ELLOS Y SUS FAMILIAS VIVEN!